Envuelta en el suspiro
El frío me agrieto los labios, que por más que les pase la lengua ya están demasiado partidos, el pelo sin forma y el rostro adornado por ojeras que buscan ser protagonistas. Hace tanto frío que hay noches en las que mi posición fetal es tan firme que estoy convencida de ser capaz de despertar en el vientre de mamá.Nunca pasa nada. Siempre abro los ojos y veo mi vida, no la vivo, la observó como si estuviera hecha de vidrio, quizá lo está, recuerdo que hubo tiempos en que me considere tan frágil que sentía que con el calor humano sería capaz de romperme. Y listo, quedaría así para siempre.
Me aprieto las manos entre si, soy real, lo soy, dias en los que dudo, otros en los que estoy segura de que no hay manera de sentir tanto vacío y desesperación y seguir siendo capaz de sentarme horas a escuchar una lección, como si no estuviera pensando a cada rato en terminar con esto. Pero lo hago y los días en que no lloro o me arranco la piel del cuello con dedicación y esmero, rezo. A veces son momentos tan breves que estoy segura ni el dios más hábil podría captarlos y otros duran horas, de los últimos salgo humillada porque pedí con las rodillas amoratadas paz y no recibí respuesta. Nunca nadie me escucha, la soledad me comió todos los huesos y la tristeza evaporó las leves esperanzas que tenía de ser capaz de funcionar, de existir, de ser alguien y no algo que arrastra los pies por calles embarradas mientras se recita así misma falsedades.
No suelo estar donde me ves, son tan pocas las cosas que me tocan, que hubo noches en las que me desperté desesperada de los sueños porque alguien, en lo onírico, me apretó el antebrazo y en el mundo que habito no soy capaz de rozar ni el aire.
Juego con mi pelo que después del vacío y la falta de vitalidad es lo que más detesto, aprieto las piernas y sigo. Me gustaría haber terminado con esto cuando todavía todo lo que respiraba no era angustia. No quiero morir, ya es tarde para vivir, queda evaporarme, que la nada que flota en algún tiempo agonizante me reclame porque si dejo que el dolor se haga polvo en mis huesos, me esparciré en el aire de esta sala de hospital.

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