Don't make it awkward in second period
Cada tanto, con intervalos muy largos, pienso en una imagen y su leve movimiento. No pasaba hace rato, desde que caminé rápido hacia el pasillo de las harinas porque de reojo medio la sensación de que la persona que iba hacia la heladera eras vos, asi que me fui apurada a la otra punta, no buscaba que me vieras nunca. Me suele pasar eso, sobre todo con gente que solo me conoció con ese uniforme azul marino que nunca quise ajustar y las facciones consumidas por una tristeza que, en mi inocencia adolescente, pensé que para esta edad estaría evaporada. No tenía idea de que se me impregnaria en los huesos, en las arterias, que no me dejaría pestañear. No, no quería que me vieras, más allá de que hace años esa idea era el motor para aguantar 10 horas de escolaridad seguidas pero esos tiempos quedaron lejos y que tus ojos se posaran sobre el intento de cuerpo que me lleva por la vida solo me daría vergüenza.
Solo estaba escuchando esa canción y dentro de un segundo, el recuerdo de tu existencia empezó a asomar en mi memoria, es devastador como todo lo que llena mi mente ante lo abrumador de una vida tan vacía. Lloraría. Pero no por vos, si no por mi, por esa chiquita desprolija y despreciada, aislada, consumida, atrapada. Intento imaginar qué pensabas de mí además de lo obvio, que era tímida, aburrida, un poco amargada pero a veces me sonreías y eso era todo en lo que pensaba mientras caminaba las diez cuadras que separaban a mi casa del colegio. Imaginame caminando rápido por cuadras absorbidas por la pobreza, con la casa hecha lio cuando llegue al fondo, el pelo áspero y el cuerpo sin forma, mira como pensaba en vos. O no, mejor no lo veas, si ya no le importa a nadie, solo a trocitos de una muchachita de 14 años que esperaba paciente los jueves a compartir computadora con el chico de pelo crespo y largo. Solía pasarme horas consumida por tu imagen y es tan extraño porque no te asemejabas a nada de lo que esperaba pero tenias ese algo que tiene cada ser especial que termina siendo gastado por mi cabeza. Todavia lo tenes, estoy segura y eso que hace años que no te conozco, es mas nunca lo hice pero no es algo de lo que te puedas desprender, lo debes llevar pegado como esa pulsera con tachas que usabas todo el tiempo. Igual no me interesa hablarle a quien sos ahora, solo quiero que por un ratito mi pecho se llene de la misma sensación que me abrigaba cuando mi rodilla tocaba la tuya en computación. La que florecía cuando decias mi nombre porque el recuerdo que tengo es diciendo su acortamiento y eso me hacía sentir cercana, ligera.
Usabas todo el tiempo el camperon gigante y un pantalón que parecía estar hecho con una tela distinta a la del reglamento pero no te decía nada o quizá sí pero estabas acostumbrado a los retos, te reías de ellos. Y yo recuerdo mucho haberme reido con vos y no sabes lo que costaba reírme en ese año, solía pasarme minutos en el baño del primer piso, aguantando el llanto. Nadie le daba importancia pero todo mi cuerpo era tan pesado, la garganta parecía siempre rodeada por cuchillitos finos y puntiagudos, que de a ratos los pudiste ablandar. Quizá por eso vuelvo cada tanto a tu recuerdo y a esa vez que discutimos cuál era el one direction mas lindo y como no podía creer que no dijeras Harry Styles, me aliviaba, que seas tan divertido en clase me hacía liviana y no sabes lo cansada que estaba de sentir un armario en la espalda a cada paso. Ese año en particular fue terrible, toda mi familia lo sabe y se nombra, de vez en cuando, como un chiste, lo consumida que estaba, rogaba faltar a lo pies de la cama de mamá. Es por eso, entre lo abrumante y desesperante que se hacen los recuerdos de 2017, resalta tu actitud perezosa y enérgica a la vez,el labio finito, el corte que deja que los cabellos se deslicen para un lado, caen y tu mano acomodandolo cada vez.
El banco del fondo, en la punta, junto a la pared que en la cima lleva ventanas.Mis converse desgastadas se hacen lugar en el primer banco en el lado opuesto, lugares asignados por profesores que hacen mis muecas más agudas. Pablo comentando entre risas tu beso en el horario del almuerzo, en donde siempre me ausento, con un chico que sus dientes parecían todavía de leche. Yo girando sorprendida, preguntando varias veces sin descanso si es verdad, hasta te lo pronuncie a vos. Si, siempre es sí y yo siempre estoy sola. Igual de sola que me sentí cuando te vi entrando al aula que el año anterior era nuestra pero ahora solo tuya, con esa chica de rulos que se quedan perfectos sobre su cabeza. Llevabas su caja de herramientas por todos lados y en su grupo era vos de verdad. En ese momento casi no pensaba en vos pero en ese patio de baldosas despintadas,en ocasiones, observaba cómo una mano acomodaba la cortina de pelo con la que fantaseaba tan solo un par de meses atrás. El tiempo es extraño cuando sos adolescente, ese año parecía eterno y tu cara la tenía grabada, pero luego cayeron las hojas del árbol del patio y vos ya estabas muy lejos.
De pronto yo también me moví lejos, como todo el mundo, el recuerdo permanece ahí, desmejorado y arropado en bolsillos azul marino que son trapo en una casa lejana.
Una vez te cortaste el pelo, no puedo adivinar cual es tu peinado, gane kilos, demasiado pero le pegan al caparazón. En los años te desvaneciste e hice lo que tenía que hacer porque soy obediente y estoy cansada, seguro sos increíble porque tenes lo que hay que tener en lugar del hueco que se hace espacio en mi pecho. No volvia mucho a vos pero, en noches de tremenda angustia, vuelvo a trocitos de calor que pican como el poliéster que nos uniformaba. Solo por breves minutos como cuando sacudo polvo y encuentro esa foto de la revista escolar, en la que parece agarras una sonrisa mientras la mía es ganadora. Una foto pequeña. Diminuta como los momentos de ese año que retengo. Te juro que no volvía hace tanto pero la canción me anido en el estómago una nostalgia y dulzura que solo podía llenar con tu voz llamándome, con mi mirada girando disimuladamente hacia la ventana, a la mesa de taller y nuestras manos lijando hierro. A una juventud que se me fue de las manos, a una imagen y su movimiento. A lo que nunca iba a pasar, todo el mundo sabe por que pero igual me permiti soñar. Eso era todo lo que me quedaba con el agua llenándome los pulmones. Tu sonrisa de lado, las cosas que no sucedieron, que me podrían haber salvado pero no lo hicieron y está tan bien. Quiero que sepas que aunque seguro no recuerdes ni mi nombre, ni mi cara (no debí correr, no era necesario), ciertas lunas me encuentran pensando en lo lindo que hubiese sido ser feliz.
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