Sucedido en un tiempo perdido

Mi bisabuela tenía la cara más arrugada que podía existir, cómo una pasa de uva.
Hace como 25 años que no envejecía más, para mí había llegado al límite, una ya no podía ser más vieja. Tampoco sé decir con seguridad el color de sus ojos: yo los recuerdos empañados,cómo cataratas pero mi hermana me discute que eran verdes. La verdad no la sé y nunca más voy a poder esperar a que sea verano y ella venga a Buenos Aires para comprobar todas las cosas que quedaron inconclusas, paseando en la memoria de mi infancia. 
Intento ir devuelta al verano, ella sentada sobre un valde en el patio mientras yo la peino y le digo que obviamente me voy a casar con un millonario y estudiar medicina. Voy al recuerdo de su pelo largo y tan canoso que parecía teñido,a sus manos con uñas largas, a sus vestidos floreados. Siempre estoy intentando volver al pasado, dónde ella vivía para entender la incertidumbre del ahora, pero por mucho que trate mi memoria es corta y ella abarcaba tanto.
Escribo en pasado porque es dónde ella se quedó y dónde yo vivo. Cada que mis manos están ocupadas con la cotidianidad, su voz me llega y yo me paralizo, aunque sé que no hay nada ¿Cómo puede haber algo? Si se supone que está enterrado, yo lo ví bajar a la tierra, sabiendo que va a mezclarse con lombrices. Pero ¿Cómo puede no haber algo? Sé lo que mis ojos vieron, me consta, aunque a veces dudo más de estar yo viva que ella muerta porque no por nada estos huesos sienten lo que sienten ante ese sonido llamando mi nombre cada que estoy de espaldas.

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