Dejes de la exigencia
El enfrentarme al rechazo me llega muy parecido a como Joan Didion se dio cuenta que no
bastaban las notas perfectas y los buenos modales para abrirse paso en el mundo. Todo mi
sistema de creencias desde niña se basaba en hacer lo correcto, aquello que se espera de
mí porque soy una chica buena. Y las chicas buenas saben cómo comportarse,qué decir,
cómo actuar. Quería,por muy osado que suene,la perfección pero eso no quita lo consciente
de mi misma que era. Sabía lo imposible de mis aspiraciones y se la reprochaba al espejo
cada que el enojo le ganaba a la falsa serenidad que busco implantar en mi cara al
encontrarme de frente con mis defectos. Y el mundo sabe que son tantos.
Aspirar a lo que ya se sabe,por regla universal, que es imposible alcanzar es no solo
desgastante sino también da terror. Pánico,de ese que no te deja dormir y hace que te
despiertes en el medio de la noche rezando a un dios indistinto un poco de piedad para que
se termine. Pero pedir piedad avergüenza y no es digno, es tan poco digno como el regalo
de las cosas. Para sentirse merecedor de cualquier tipo de distinción es primero necesario
el esfuerzo,la tenacidad y disciplina. Pilares que creía me ayudarían en el mundo pero no,
cuesta aceptar que no todo se alcanza-o casi nada-con esos valores.
Se necesitan otros condimentos que no son capaces de ser enseñados en la escuela para
triunfar. Me falta coraje y aquello que una vez cierta escritora definió como amor propio
luego de comprobar que la realidad no se rige por los valores alagados en los libros.
Es innegable que la vida requiere cierta picardía muy difícil de aprender para las chicas que
solo sabemos seguir normas y esperamos por el visto bueno antes de saltar a la
incertidumbre.
-Se menciona el ensayo "On Self-Respect," by Joan Didion (1961)''
- Imagen sacada de pinterest


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