irrealidad
No me siento nunca capaz para nada de lo que vivo y mucho menos para el tormento que conlleva tener que cargar con los recuerdos de todo ello, odio llevar una película (de la que nunca se me otorgo el control) en mi mente, constantemente, repitiendo todo lo que hago sin dejarme sacar el foco. Deja exhausta el proyectar el pasado tanto que los recuerdos se empiezan a gastar y llegados un punto de reiteración ya no estamos seguros de que todo ese montaje sea de fiar: quizá nunca armamos una casa con sabanas en la escalera del patio,¿ y si en realidad no estaba cuando mama se desmayo?, tal vez el libro no era de rapunzel, tal vez la infancia que era mía quedo rondando en el tiempo pero no en mi memoria y esta, que reproduzco antes de llorar ahogada a la almohada buscando decirme a mi misma que si, fui feliz y tuve esperanzas, sea un espectro.
Odio el tener que quedarme con la incertidumbre de lo vivido, nunca se que es real aunque lo haya visto cuando fue presente, no puedo confiar ni mis ojos, mucho menos en mis recuerdos, esos son engañosos porque durante una época de mi vida me encontraba sumergida en fantasías y a mi cerebro le cuesta separar aquello que me hacia creer de lo que era verdad.
No recomiendo las fantasías. Si bien sirven para salvar los paños cuando la realidad sacude, al final, cuando salís y notas que no sos todo lo que inventas, la caída choca mas que el sacudon inicial. Lo bueno es que si tu cabeza colabora para sacarte del agujero, quizá te deje pensar que si sos aquello idealizabas y puedas dormir sin la angustia y el peso del fracaso a los costados.
Al final la distorcion no es suficiente para mi conciencia, lo que lleva a las tardes tapada en agobio y desesperación mientras me aferro a la cotidianidad intentando demostrar que no tengo los huesos rotos, aunque apenas pueda pisar después de chocar.
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