Nothing in the world belongs to me But my love, mine, all mine, all mine

Voy por la vida soñando con poder destruirme a mí misma y construirme de nuevo, con las piezas correctas esta vez, me extirparia la tristeza de los huesos y podría decirle a mamá sin temblar que ella no hizo nada mal que era solo yo que estaba desacomodada pero ahora ya puedo funcionar. Si, ahora ya puedo soñar con llegar a mayor edad y no acortar el camino antes de ser legal. Me gustaría ser como ellos, moverme entre el gentío sabiendo que valgo el pedazo de tierra que ocupó, la comida que como, los recursos que gastó. Hacerle saber al mundo que merezco caminar descalza con el pasto acariciando mis dedos y que no soy solo un momento triste. Si me pudiera armar a mi misma ya no lloraría en todos los trasportes públicos del Gran Buenos Aires, es más me sentaría a mirar las vidas ajenas pasar o dejaría que la emoción por llegar a destino se apropie de mi. O mejor me dotaría de la capacidad de vivir el presente, el ahora y no pasarme cada segundo habitando un lugar demasiado lejano a la realidad que rodea lo que soy, desearía saber estar acá, sentirme en estas teclas que voy tocando, en el colchón que me sostiene, protegida por el techo del lugar más recóndito del mundo. Un techo tan gris y opaco, tan triste pero es el único que puedo tocar y a eso debo aferrarme, a lo tangible de mi vida, a lo real,lo vivido,lo mío. Lo único que es mío, nada de aquello con lo que tapo mi mente para que evite ver el desastre que en realidad soy me pertenece y probablemente nunca lo haga, aunque solo escribirlo me queme la garganta, quizá yo nunca sea otra ni sea capaz de obtener lo que desee pero esto, este teclado, este colchón y este techo es mio ahora, puede la vida arrancarlo pero ahora lo estoy tocando es real así como el calor que emana el cuerpo de mamá cuando me da un abrazo, el sol que acaricia mi cara y las palabras, y a estas últimas ni la vida misma puede extirparlas una vez estén plasmadas en el papel. Quiero sostener de manera valiosa lo que ahora poseo porque soy consciente de que en un pestañeo todo da vuelta y no tengo asegurado el amor de aquellos que me aman y amo devuelta para siempre, muchos menos su presencia en mi vida, ni mi cuerpo me lo garantiza nadie porque estos huesos ya no crecen sino que se achican y no paran aunque solloce a la almohada cada 18 de octubre que por favor basta. El tiempo no para y arrasa con todo y sin embargo se que no entiende como mis ojos siguen empañados de tristeza cuando todavía no me ha hecho padecer las fatalidades del mundo, se preguntará qué tan débil soy y lo poco que aguantaré cuando el dolor de la realidad se haga espacio en mis costillas y no pueda sacarlo ni helandome las venas, cuando no pueda ignorar su golpe continuo porque esta vez no es la puerta de al lado sino que está dentro mío. Tan adentro que yo ya seré él.

Comentarios

Entradas populares