Like Orpheus, I am not strong enough to look at what I want
Me encuentro nuevamente pensando en algo que casi no veo y para la concreción de
estas palabras es necesario que alguien, con unas tenazas muy puntiagudas, me
extirpe la vergüenza de un tirón. Así, sin anestesia, para que la próxima vez
que lo vea pueda sostener esa mirada sin sentir como se me rompen las costillas.
Es extraño y algo angustiante que desde hace unos años, lo mismo cada tanto,
florece. Bastante terrible lo se pero no existe nada dentro mio que me de la
fuerza para evitar el calor que, desde que su mirada se posa en mi, se hace
hueco en mis cachetes. Revolotean los muy sinvergüenzas. Y mi cuerpo, por dios,
la única solución que se me ocurre es atar un palo a mi columna o tragarmelo y
que mis músculos lo abracen buscando compostura. Igual nada de esto nunca
importa, es tan necesario que lo sepas. No va a suceder nada, eso ya está
escrito en algún lugar que mis dedos no pueden jamás alcanzar. Pero mirar, daría
lo que fuera por mirar, solo un rato, ratito si queres. Perdon se que sueno
infantil y un poco desesperada pero no estoy pidiendo el toque, ni siquiera soy
capaz de soñarlo, únicamente quiero poder detener estas pupilas demasiado
hastiadas sobre ese cuerpo que solo parece emitir calor. No quiero que él me
note, eso no importó antes y no va a importar ahora, pero siempre me voy
arrepentida del descarado sonrojo y nerviosismo totalmente injustificado, que me
obligan a ignorar hasta que esa mirada está muy lejos. No me puedo arriesgar.
Quisiera mentirme un poquito y pensar que esto que ocurre una vez, dentro de un
espacio tan amplio de tiempo que soy capaz de olvidarme que el existe y así como
viene y se instala en mi cabeza sin descanso, durante semanas, se debe ir. Pero
ahora que se cruzó en el extraño y vacío entramado que hacen a mi vida, sé que
lo voy a gastar. Mi mente lo va a ver por una cantidad de horas insanas, tantas
que no creo que nadie más lo pueda pensar una vez este ser lo deje ir. Imagino,
imagino. Ahora ya estoy acostumbrada a imaginarlo en mi todo el tiempo, pero una
vez, hace años, me plantee a su figura como intocable para esta torcida mente.
Me dije que él era el límite, quizá porque una semillita muy dentro mío sabe que
nada de eso con lo que juego en mi mente, se materializa. Y quizá creas que
estoy loca pero esa silueta era todo lo que ocupaba mi mente en tramos de un
verano lejano. Renunciar a la nimia probabilidad de que esos ojos, en estos
desgastados huesos, pudieran encontrar amabilidad era lógico pero, cuando el
calor me araña la piel y deja mis heridas a carne viva, necesito aferrarme a
algo y su piel parecía capaz de sostenerme. Un momento. Pero ya está, te lo dije
antes, no me importa repetir, la nada siempre me está ocurriendo, su ausencia es
mi rutina. Por eso ahora él es igual que todos, cosa que tiñe mis expresiones de
una tristeza un poco ingenua porque se sabe que nunca hubo probabilidades pero a
veces a Dios se le ocurren cosas extrañas y yo esperaba ser eso raro que tuerza
un poco los cimientos de una vida que parece tan vital. Pero no lo fui y nunca
lo seré para nadie, mucho menos para él. Este se posa levemente en ese conjunto
monstruoso de seres y escenas poco virtuosas que hacen ruido sobre esta muchacha
porque la pobre ya no siente nada. Eso es, todo se resume a la tristeza que hace
años me come los huesos, lentamente cada noche, y el aburrimiento letal que me
deja ver mis manos tan vacías de toque. Nunca tocó, nunca alcanzó y está todo
tan bien aceptado. Pero ¿también me van a negar mirar? Quiero mirar al deseo de
frente sin titubear, sin que mis manos empiecen a temblar,sin sentirme explotar.
No quiero que pase volando, en un susurro del viento que solo se quiere burlar
de mí, mostrándome levemente un pedacito de lo anhelado y luego se lo lleva por
tanto tiempo, que otros me van pinchando los pulmones. Quiero ver, ¿Será que
tampoco soy digna de mirar?


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